Cincuenta años sin Franco: una memoria que no se pone de acuerdo
El 20 de noviembre de 2025 se cumplieron cincuenta años de la muerte del general Francisco Franco. Dos días después de aquel 20 de noviembre de 1975, Juan Carlos de Borbón fue proclamado rey ante las Cortes, y comenzó un largo proceso que condujo a las primeras elecciones libres, en junio de 1977, y a la Constitución, aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Medio siglo más tarde, el aniversario no ha cerrado el debate sobre aquel pasado: lo ha reabierto.
El Gobierno quiso dar a la fecha un aire de celebración. En enero de 2025 presentó en el Museo Reina Sofía, en Madrid, el programa «España en libertad», con más de cien actividades repartidas a lo largo del año: conferencias, exposiciones, proyecciones. Su propósito declarado era celebrar la transformación del país, rendir homenaje a quienes la hicieron posible y transmitir a los jóvenes la importancia de vivir en democracia. El Partido Popular, principal fuerza de la oposición, anunció en cambio que no participaría en esos actos; a su juicio, lo que merecía celebrarse era la Constitución, cuyo aniversario se conmemora cada 6 de diciembre.
Las encuestas muestran que la sociedad tampoco comparte una misma mirada sobre el pasado. En el barómetro de octubre de 2025 del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 65,5 % de los encuestados calificaba de malos o muy malos los años de la dictadura, pero el 21,3 % los consideraba buenos o muy buenos. Casi tres de cada cuatro (74,6 %) juzgaban la democracia actual mejor o mucho mejor que el franquismo, mientras que un 17,3 % opinaba lo contrario.
Cabe preguntarse si esas cifras reflejan nostalgia o, más bien, desconocimiento. Quien nació después de 1990 ha oído hablar de la dictadura en casa o en clase, a menudo de manera fragmentaria. La Ley de Memoria Democrática, de octubre de 2022, pretendía colmar esa laguna(1): dispone que los contenidos de la enseñanza secundaria y del bachillerato se actualicen para incluir la represión ejercida durante la guerra y la dictadura, y cambió el nombre del Valle de los Caídos, que pasó a llamarse Valle de Cuelgamuros.
Ahí reside toda la dificultad. Recordar no equivale a juzgar, y enseñar la historia no consiste en dictar una versión oficial. Una memoria impuesta desde el poder corre el riesgo de convertirse en un arma más de la pelea partidista; una memoria olvidada deja el terreno libre a los mitos. Entre esos dos escollos(2), el reto de la democracia española es transmitir los hechos (la represión, el exilio, la falta de libertades) sin transformar el pasado en una trinchera(3).
Pasar página, repiten algunos, es la mejor manera de mirar hacia el futuro. Quizá. Pero solo se puede pasar una página después de haberla leído.
- (1) colmar una laguna : combler une lacune
- (2) el escollo : l'écueil
- (3) la trinchera : la tranchée
Texte rédigé le 12 octobre 2026 pour l'entraînement par test-concours-iep.fr, au format d'un article de presse ; il ne reproduit aucun article publié.