Tres mundiales y un pozo de agua
El 11 de junio de 2026, el estadio Azteca, situado en Santa Úrsula, al sur de la Ciudad de México, acogió por tercera vez el partido inaugural de una Copa del Mundo de fútbol. Ningún otro estadio lo había logrado: el Azteca ya había recibido la inauguración y la final de los mundiales de 1970 y de 1986. México se convirtió así en el primer país en organizar tres mundiales, esta vez junto a Estados Unidos y Canadá, en un torneo ampliado a 48 selecciones y 104 partidos.
Para el país, el acontecimiento iba mucho más allá del deporte. En la memoria colectiva mexicana, el Azteca es el escenario del último Mundial de Pelé, en 1970, y del título de Maradona, en 1986. Recibir de nuevo al mundo era la ocasión de proyectar una imagen moderna y hospitalaria, y de atraer turistas e inversiones. El estadio reabrió sus puertas el 28 de marzo de 2026, tras la primera gran remodelación desde su inauguración en 1966: pantallas nuevas, paneles solares, asientos más cómodos.
Sin embargo, no todos los vecinos compartían el entusiasmo. En Santa Úrsula y en los barrios cercanos, donde el agua no siempre sale del grifo, el estadio se convirtió en el símbolo de una desigualdad. Asambleas vecinales exigían que el pozo(1) del que se abastece el recinto sirviera ante todo a la población. En mayo de 2025, el gobierno de la ciudad anunció la renovación de la concesión, con el compromiso de conectar el pozo a la red pública y de destinar parte de su caudal(2) a más de 43.000 habitantes. El día de la reapertura, alrededor de una docena de colectivos se manifestaron en los alrededores del estadio contra lo que consideraban un Mundial pensado para los visitantes, y no para quienes viven a su sombra.
El debate no es exclusivamente mexicano. Desde hace décadas, los grandes acontecimientos deportivos plantean la misma pregunta: ¿a quién benefician? Sus defensores destacan los empleos creados, las obras de transporte que se aceleran y la visibilidad internacional. Sus críticos recuerdan los presupuestos que se disparan(3), los estadios que se quedan vacíos después de la fiesta y los barrios populares que se encarecen.
La verdadera prueba empieza cuando los aficionados se han ido. Un Mundial no se juzga por su ceremonia de apertura, sino por lo que deja: si las obras sirven todavía a quienes las pagaron, si el agua llega a las casas de Santa Úrsula, si el estadio sigue formando parte del barrio. El legado(4), esa palabra tan repetida durante los preparativos, no se mide en goles, sino en la vida cotidiana de quienes se quedan.
- (1) el pozo : le puits
- (2) el caudal : le débit (d'eau)
- (3) dispararse : s'envoler (prix, budgets)
- (4) el legado : l'héritage
Texte rédigé le 12 octobre 2026 pour l'entraînement par test-concours-iep.fr, au format d'un article de presse ; il ne reproduit aucun article publié.